Costa Rica - El País CR - De ratones y libros (Of mice and Books), 33  

     

De ratones y libros (Of mice and Books), 33


Fecha de publicación:   14/Feb/2018 04:57:06

Viajes por mi biblioteca, 33 A Fede, en la esperanza de que sanarás, y un día cerrarás mis ojos. Me topé por primera vez con la palabra agnóstico en la Revista Idearium, que publicaba a polígrafo don Teodoro Olarte cuando era profesor del Liceo de Costa Rica, allá por el año de 1948. Al ser preguntado por sus creencias, al inicio de una célebre polémica radial que sostuvo en la BBC de Londres con el jesuita Teodoro Copleston, reproducida precisamente en la Revista Idearium, Bertrand Russell respondió: ‘Soy agnóstico’. Les recuerdo que mi encuentro con Idearium y con el pensamiento de Russell lo tengo mencionado en el número 2 de estos Ratones, que hoy alcanzan el número 33 (¡se reproducen como una verdadera plaga de ratones!). Volviendo a mi cuento: inmediatamente interrumpí la lectura de la Revista, me fui al diccionario de la Real Academia y encontré la palabra Agnosticismo: “…Actitud filosòfica que declara inaccessible al entendimiento humano todo conocimiento de lo divino y de lo que trasciende la experiencia”.  Y con esa definición, que en el momento me pareció satisfactoria, vine a descubrir que yo, un ratoncillo de dieciséis años, también era agnóstico, y no ateo, como venía creyéndome hasta entonces.  Inventor de las palabras ‘agnóstico’ y ‘agnosticismo’ fue el naturalista inglés Thomas Henry Huxley, de quien hablé también en un ‘ratón’ anterior. Precisamente en un artículo titulado Agnosticismo, publicado en Nueva York en 1869, Huxley da las explicaciones  siguientes: “No es correcto que alguien diga que está cierto de la verdad objetiva de un enunciado, a menos que pueda aportar pruebas que lógicamente justifiquen esta certeza. Esto es lo que el agnosticismo afirma; y en mi opinión, esto es lo esencial del agnosticismo.” “…El agnosticismo, de hecho, no es un credo, sino un método, cuya esencia radica en la rigurosa aplicación de un único principio. […] Positivamente, el principio puede expresarse así: en cuestiones del intelecto, sigue a tu razón tan lejos como ella te lleve, sin tener en cuenta ninguna otra consideración. Y negativamente: en cuestiones del intelecto no pretendas que son ciertas las conclusiones que no han sido demostradas o no sean demostrables…?” Acepto, en sus aspectos positivo y negativo, el principio metodológico enunciado en la cita anterior; pero me sigue pareciendo razonable un argumento que escuché de pasada en la calle, siendo adolescente, según el cual no es razonable creer en la existencia de un dios creador, supremamente sabio, bueno y poderoso, ante el constante desfile de sufrimientos inmerecidos e iniquidades victoriosas que relata la Historia,  y que presenciamos hoy en el día a día ¿Quién puede convencerme de que tales iniquidades sirven para que en el futuro ocurra algo bueno en compensación? ¿Por qué eso tan bueno (que sigue sin aparecer) requeriría que antes haya tanto daño y dolor? Si un dios es el que crea e impulsa tanto sufrimiento que hay en el Mundo ¿cómo creer que es bondadoso? ¿cómo puedo amarlo sin degradarme? En discusión con unos académicos ‘creacionistas’, el laureado naturalista británico David Attenborough les preguntó: ¿Fue Dios Misericordioso, creador de cada una de las plantas y los animales que existen, el que creó un gusano que sólo es apto para vivir devorando los ojos de los niños en algunas regiones de África, y es el causante de la ceguera de miles de ellos cada año? ¿Pueden explicarme ese acto de misericordia? Después está la cuestión de la coherencia: un dios sensible e inteligente, que conoce el pensamiento de sus criaturas ¿para qué querría estar escuchando día y noche sus adulaciones, repetidas maquinal y monótonamente cientos y miles de veces diarias en todos los templos de la Tierra?  Eso estaba bien para el Jehová del Viejo Testamento, que era egocéntrico, celoso y vengativo, hecho a la medida de un pueblo díscolo y masoquista. Pero en nuestros días ¿hay alguien en sus cabales dispuesto a adorar a un dios celoso y vengativo? Ahora bien, si resulta imposible entender que un dios benévolo y razonable se sienta complacido con tales y tantas alabanzas y esté dispuesto a tomar represalias si las mismas faltan;  la cosa, en cambio, es muy explicable desde el punto de vista de los intereses de los ‘pastores de almas’, porque la emoción colectiva en los cantos y las oraciones renueva el fervor de los creyentes y asegura el diezmo. Por mi parte, tengo presente siempre que nací en 1932 de un óvulo fecundado de mi mamá, y que moriré como un humilde ratón de campo, un día que posiblemente no está lejos. Consciente de ello, no he puesto mis afectos en un imaginado cielo, sino en la gente, en la Humanidad, en mis compatriotas latinoamericanos, centroamericanos, ticos; en la juventud de hoy.  A ellos dedicaré mis esfuerzos, mientras siga vivo. Creo en la Ciencia, en el modesto y falible saber científico que vislumbraron los griegos antiguos y que, desafiando el oscurantismo armado de la Iglesia, pusieron en marcha Galileo, Kepler, Descartes, Newton, Buffon, Vico, Lavoisier, Goethe, Marx, Pasteur, Mendelejeff, Rosa Luxemburgo, Einstein, Nikola Tesla, Antonio Gramsci, Madame Curie y tantos otros verdaderos héroes y heroínas de la Humanidad: más heroicos que los que se dejaron matar inocente y vanamente en las guerras, al servicio de falsos profetas y falsos dioses. Creo que las personas de buena voluntad debemos trabajar arduamente para contribuir a que nuestras clases marginadas, hoy manipuladas y sumidas en la superstición y en la ignorancia, encuentren lo más pronto posible el camino liberador de la razón, la cultura, la democracia y la justicia que merecen. Y sigue. (*) Walter Antillon Montealegre es Abogado y Catedrático Emérito de la Universidad de Costa Rica.
Fuente: http://www.elpais.cr/2018/02/13/de-ratones-y-libros-of-mice-and-books-33/