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Cuando la habilidad política no existe


Fecha de publicación:   07/Dec/2017 03:42:32

Del presidente Solís Rivera yo no esperaba tanta carencia de sentido político en sus decisiones. No es un improvisado en los ajetreos de la política, en los que se le vio cuando participó en las campañas del partido Liberación Nacional del que fue secretario general, lo que le posibilitó también circular por los pasillos de la política internacional probablemente al lado de destacadas figuras. En el cuatrienio del presidente Arias Sánchez don Luis Guillermo fue uno de los colaboradores más cercanos del ministro de Relaciones Exteriores, Rodrigo Madrigal Nieto. Fue evidente que en la cancillería la política cobraba otras entonaciones con la destacada gestión del titular de la cartera  -preñada de habilidad política-, así en las relaciones internacionales cuanto en el desplazamiento de fichas en el patio doméstico. Entendí, entonces, que el presidente Solís podía errar en el blanco por razones distintas mas no por padecer privación de habilidad política pues bastante agua había bebido –creía yo- en esa fuente de experiencias a la que había tenido tantos accesos. Me percaté del error poco tiempo después de iniciar su gestión, percepción que confirmé con motivo de una y otra pifia –tantas ya- cometidas por el mandatario en desperdicio de una excepcional oportunidad que le dio una masiva votación en los comicios de abril de 2014. La más gravosa expresión de astenia política se dejó ver con la composición del gabinete. Los llamados a la unción no fueron precisamente un dechado de virtuosismo en las artes de la política. En más de un caso los elegidos para cargos ministeriales y del mundo de las autonomías tenían remarcadas notas académicas, con ausencia de algo propio de la tarea de gobernar las instituciones del Estado donde es todo un desafío  la demostración de capacidad para el juego de la política. La perspicacia propia de la política no se evidenció en esta administración desde su arranque; así quedó marcado en los constantes tropiezos y dificultades para construir los apoyos políticos exigidos para emprender la solución de los problemas nacionales. El listado de conflictos fue creciendo y la impericia política para abordarlos también. No se dejó ver la disposición del jefe de Estado para admitir que buena parte de las caídas en falso provenían de la ausencia de habilidad política entre sus colaboradores, lo que se puso de manifiesto con el descomunal desgaste –y las complicaciones en las relaciones con otras fuerzas políticas- que le provocó el caso del ministro de la Presidencia, Melvin Jiménez, y la tozudez del gobernante para sostenerlo en el puesto, desoyendo todo tipo de indicaciones que se le hicieron a este respecto  también en otros casos de ministros y rectores de autonomías, políticamente quemados. Lo último, la miopía presidencial ante el viceministro de Hacienda, Fernando Rodríguez, sostenido contra viento y marea a pesar de haberse fundido  dramáticamente como interlocutor de la reformas fiscal ante la Asamblea Legislativa. Lo que mal comienza, mal termina. Es cuestión de retornar la memoria a los días en que el presidente Solís Rivera intentaba conformar su gabinete. Tres intentonas, en fechas distintas, lo llevaron a rodearse de gente sin experiencia política y sin rutas de acceso a los partidos. Así fue como llegó nuestro  presidente a la orfandad  en la difícil órbita de las relaciones con la Asamblea Legislativa. Tal vez algún día reconozca cuán grande fue su error al no haber dado puntual cumplimiento a aquella vocación que externó el 8 de mayo de 2014: “Cuando me equivoque, corríjanme; cuando me pierda, búsquenme; cuando flaqueé, denme fuerzas. Si no les escucho, reclámenlo.” (*) Álvaro Madrigal es Abogado y Periodista
Fuente: https://www.elpais.cr/2017/12/06/cuando-la-habilidad-politica-no-existe/