Costa Rica - El País CR - Aquí está el reloj …es decir, el ratón. De ratones y libros (Of mice and books)  

     

Aquí está el reloj …es decir, el ratón. De ratones y libros (Of mice and books)


Fecha de publicación:   11/Sep/2017 06:07:35

Viajes por mi biblioteca, 26 La vida del ser humano como obra de arte. ¿Hay algo más excelso que poner el corazón y todos los sentidos en hacer de tu propia vida una obra de arte que la muerte corone? Lo primero que se me viene a la cabeza: los nobles japoneses (daimios y samurais) a partir del Shogunado Minamoto (Siglo XIII), hicieron de su condición de guerreros omnipotentes y leales, el objeto de una extremada disciplina física y moral que, sin ellos desearlo, pudo alcanzar una dimensión estética.  Tal como se ve en el relato recogido por Jorge Luis Borges y titulado El incivil Maestro de Ceremonias Kosuké-no-Suké (en Historia Universal de la Infamia; Buenos Aires, 1935): 1) A fin de preparar la visita del Príncipe (Shogún) a cierta Provincia, la Corte envía al Maestro de Ceremonias Kosuké-no-Suké a adiestrar a los señores territoriales (daimios) en la etiqueta del encuentro; 2) Durante las prácticas, un joven daimio no puede soportar la arrogancia y las burlas del Maestro Kosuké, y le hiere levemente con su puñal; 3) La reacción airada del daimio contra el indigno maestro viola el Código de Honor: un daimio debe dominar la ira; la pena es hara-kiri (suicidio ritual); 4) Kosuké-no-Suké teme la venganza de los samurais de la guardia del daimio; contrata soldados de refuerzo y se atrinchera en su palacio; 5) Pero los samurais se dispersan, abandonan su oficio y se entregan a una vida de alcohol y disipación; 6) Pasan los años, Kosuké-no-Suké tranquilizado y deseando cortar gastos, despide los refuerzos: 7) Según el plan trazado desde el principio, los samurais recuperan sus armas, se reúnen, asaltan y toman el palacio de Kosuké; 8) Rodean al Maestro y le ruegan que se suicide; pero en vano, porque, como concluye Borges lapidariamente: “era varón inaccesible al honor”; 9) Tuvieron que degollarlo; y luego, en perfecta formación, se dirigen todos a la tumba del daimio, su inolvidable señor, y cometen hara-kiri. La vida y la muerte del daimio; la odisea y el suicidio de los samurais, son acontecimientos vitales sometidos a reglas inexorables que deben ser y fueron en su caso cumplidas con una disciplina, una exactitud y un coraje extremados, sin escatimar costo: como una obra de arte. La vida del ser humano como servicio a la Humanidad y a la Naturaleza. ¿Hay algo más excelso que poner el corazón y todos los sentidos en hacer de tu propia vida un ejercicio voluntario y permanente dirigido al mayor provecho de tus semejantes y de la vida en general?  Lo primero que se me viene a la cabeza: Albert Schweitzer. Nacido en 1875 en Alsacia (entonces provincia alemana), en una prominente familia protestante, Albert Schweitzer sobresalió desde joven por su inteligencia, su sensibilidad y su energía. Se doctoró   a fines del Siglo XIX en Filosofía, Teología y Música en las Universidades de Estrasburgo y Tübingen, y en el Conservatorio de París, destacándose rápidamente como docente, predicador, virtuoso del órgano (como lo habían sido su abuelo y su padre), constructor de órganos y notable musicólogo. A los 30 años de edad, siendo ya un catedrático de la Universidad de Estrasburgo y un organista de prestigio internacional,  toma la decisión de dedicar la vida al servicio de los pobres y los enfermos en África, es decir: los seres humanos más necesitados del Planeta; y para optimizar su esfuerzo decide, en aquel mismo momento, estudiar la Carrera de Medicina.  Schweitzer vivió la mayor parte de sus noventa años de existencia en Lambarené (Gabón), Africa Occidental; y murió rodeado de sus ayudantes y sus enfermos en el Hospital y la Aldea para Leprosos (que llamó Village du Lumiere: Poblado de la Luz)que él mismo construyó con los recursos obtenidos en sus giras de conferencias y conciertos, y con el producto de los premios internacionales obtenidos: Doctor Honoris Causa de la Universidad de Zurich (1920), el Premio Goethe (1928), la Legión de Honor (1948), el Premio Nobel de la Paz (1952), etc. Su constante esfuerzo intelectual por superarse como músico y profesional en Europa, y el cuidado de sus pacientes en Africa no le impidieron escribir numerosos libros de filosofía, teología, música, política, memorias, etc., algunos de ellos traducidos al español, como su estudio biográfico  Juan Sebastián Bach, el músico-poeta (1905); su Arte de Fabricar Órganos en Alemania y Francia (1906); suFilosofía de la Civilización (1923); Cultura y Ética (1923); su autobiografía De mi Vida y mi Pensamiento (1933); su Ensayo sobre elPensamiento de la India y su Evolución (1935); suPaz o Guerra Atómica (1958); etc. Siendo un cristiano fervoroso, Schweitzer rechaza sin embargo el odio y la negación de la vida terrena que profesa el Cristianismo durante siglos, así como el ensimismamiento propio del budismo y otras religiones orientales. El fundamento ético de su pensamiento es el respeto y la reverencia por la vida; de allí parten su doctrina y su praxis de la solidaridad humana incondicional y su profundo respeto por la Naturaleza. “…Se puede salvar la vida del hombre junto con su existencia profesional si se buscan todas las ocasiones posibles, por humildes que sean, de actuar humanamente en favor de los hombres que tengan necesidad de ayuda de otro hombre (…) Que cada cual se esfuerce en testimoniar a los demás, en el medio en que se desenvuelva, una humanidad verdadera. De ello depende el futuro del Mundo  (pág. 72). “…El hombre que piensa, experimenta la necesidad de testimoniar el mismo respeto por la vida a toda voluntad de vivir distinta de la suya. Siente esta otra vida en la suya (…) La gran laguna de la ética hasta el presente ha consistido en creer que no tenía nada que ver con la relación del hombre respecto a los demás seres. En realidad, se trata de su actitud con respecto al Universo y a todas las criaturas que están a su alcance. El hombre sólo es moral en tanto en cuanto la vida en sí, la de la planta y la del animal, así como la de los seres humanos, son sagradas para él, y en cuanto se esfuerza en ayudar en la medida de lo posible a cualquier vida que se encuentre en situación de apuro. (De mi Vida y mi Pensamiento; Aymá, Barcelona, 1966, pág. 121). Sigue. (*) Walter Antillon Montealegre es Abogado y Catedrático Emérito de la Universidad de Costa Rica.
Fuente: http://www.elpais.cr/2017/09/11/aqui-esta-el-reloj-es-decir-el-raton-de-ratones-y-libros-of-mice-and-books/